Los zapatos

Todos los días, tomo el autobús para ir al trabajo. Siempre me siento en el último banco a la derecha, que es mi lugar favorito. El autobús está siempre vacío y no me acuerdo de tener que sentarme en otro lugar.

Ayer, pasó algo diferente. En mi banco favorito, había un par de zapatos rojos. Yo podría simplemente haber los colocado en otro banco, o en el suelo del autobús, pero algo inexplicable no me dejó hacerlo. Respetuosamente, me senté en el último banco a la izquierda. Por todo el camino hasta el trabajo, miré a los zapatos. Era como si yo quisiera que hablasen algo, una vez que habían robado mi lugar.

Cuando las puertas del autobús se abrieron para que yo saliese, me levanté sin dejar de mirar a los zapatos. Si yo esperaba algo especial de aquel par rojo, el momento había llegado: los zapatos saltaron del banco y empezaron a caminar, como si tuvieran pies que los llevaban, hasta las puertas abiertas.

Sorprendida, pero no mucho (los zapatos tenían un aire de objetos surrealistas), yo seguí el par por la acera, en la dirección opuesta de mi trabajo.

Caminamos por unos diez minutos y llegamos a un cementerio. Los zapatos ni corrían, ni se arrastraban; caminaban como alguien tranquilo pero decidido. Dentro del cementerio, los seguí hasta una tumba que, para mi sorpresa, estaba abierta. Al lado, estaba el sepulturero, durmiendo en una silla, con la pala en los brazos. Los zapatos se lanzaron dentro de la sepultura y el sonido despertó al hombre.

Yo miré dentro del hoyo y vi una mujer joven (y muerta) que tenía los pies desnudos. El sepulturero se fregó los ojos, miró los zapatos dentro de la sepultura y dijo:

– ¡Por fin! Nosotros los esperábamos desde ayer.

Isabela Torezan

One response to “Los zapatos”

  1. Olha ela que latina rsrsra. Gostei, Isa. Impossível não gostar 😉

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